¿A qué juegan tus hijos?

2009/02/22

COLABORACION

Tus hijos no son tus hijos….cita truncada que en mi infancia, oí a turnos en boca de mi abuela, de mis tías, de mi madre y hasta de algunas de sus amistades… repetidas veces y en ocasiones hasta al cansancio.

Entonces, la frase con la que inicia ”tus hijos” de Khalil Gibran, me sonaba chocante y rebuscada y sus posibles connotaciones permanecían totalmente fuera de mi alcance. La frase me llega nuevamente -después de décadas de silencio- en esta grisácea tarde invernal, como un relámpago cargado de malos presagios o como a quien comprende finalmente haber asistido, sin saberlo, a un rito de pasaje después del cual no habrá regreso. La frase pasa en mi mente dejándome una leve sensación de aprehensión y tristeza.

Este país, cuna de Nokia, en donde puedes buscar, comprar, pagar, chatear, estudiar, llenar solicitudes e inscribir en el sistema escolar primario a tus hijos en tiempo real y sin salir de tu casa, gracias a una rápida y eficiente red de telecomunicaciones. Hemos logrado (y aquí los puntos de vista serán variados dependiéndo del lector) en nuestros primeros nueve años de vida como padres, evitar Nintendos, Xboxes y demás productos derivados de la tecnología sin mayores problemas. Bajo la mirada asombrada de incrédulos y la sensación de haber quedado irremediablemente anclado en el medioevo a los ojos de los demás…y tal vez de los de uno mismo también.

Las tardes de nuestros hijos pasaban entre rompecabezas, legos, castillos con caballeros medievales, viejos soldaditos de plomo y de plástico, disfraces de dragones, zorro, exploradores, magos, la creación de varios restaurantes, bares, museos, ideación e invitaciones a nosotros padres, público inmediato y a la mano de estos empresarios infantiles, a asistir a obras de teatro, de circo o a conciertos de rock….

Mientras que los compañeros de preescolar de nuestro primogénito, por una extraña y felíz coincidencia, también gustaban de este tipo de juegos ”prehistóricos” en sus casas (haciéndonos posible mantenernos al margen de los juegos cibernéticos). En el caso de nuestro segundo hijo, fue el único de todo su grupo que no sabía qué era Indi (Indiana Jones) …y no poseer por lo menos un DS… y nuestra vida cambió: sería justo, en pos de nuestra ideología “medieval”, sacrificar las alegrías de un preescolar que repetidamente se veía excluído indirectamente (o muy directamente) de los juegos en la escuela.

Así fue como el gusano de la tecnología llegó a nuestras vidas, sin previo aviso y en forma de Santa Claus (por aquí conocido como Joulupukki) quien trajo consigo un Xbox, Indi y varios juegos más. Desde entonces nuestro tiempo pasa en largas y repetidas negociaciones para establecer los turnos y tiempos de juego de cada niño y tratándo de dirigir el interés del más pequeño a otras actividades que la de revisar la hora de iniciar la sesión de juego… Mientras escribo ésto, con gran nostalgia de tiempos pasados que no han de volver, llega al asalto un comando de agentes de la policía cibernética en busca de hackers que me enseña sus credenciales y escónde su mirada tras gafas negras… y tal vez no esté todo perdido…

Tus hijos no son tus hijos, son hijos de su proprio tiempo…

primitive

Desde latitudes cercanas al polo norte
Los piñateros

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