Breves versos de un corazón viajero

2009/11/08

COLABORACION

Gilberto Durán Torres nació en Morelia (México) y residente en Finlandia desde 1993. Bioquímico de profesión y dedicado principalmente a la investigación científica, siempre encuentra un espacio en su tiempo para escribir poesía y relatos. Sus “Versos Breves de un Corazón Viajero” obtuvieron el segundo lugar en la categoría de verso en 2008, en el II Concurso Literario Ángel Ganivet de Finlandia y ahora los comparte con nosotros con  un tequilita en mano.

I

Dímelo, Amor…
Dime que esta noche vendrás
otra vez a mis sueños.
Que cuando a ti mis brazos extienda
me recibirán ansiosos los tuyos
bajo la silente luz de las estrellas.
Dímelo, Amor…

II

Cuando lo encontré por un camino polvoriento,
clavó en mis ojos la mirada de sus ojos negros.
“¿Quién eres tú? –me dijo– que yo sólo soy un viajero
que encontró cerrada la puerta de su casa”.

III

Tus besos, amor, son como la lluvia fresca
que viene a mitigar el calor de las tardes de verano.
Y tu mirada, como las gotas de rocío
que regocijan a las flores todas las mañanas.

IV

Mi barca, ¡ay, la destrozada barca mía!
¡Cómo dejarla, corazón, en la playa abandonada!
Si llevó hasta las orillas de la mar atormentada
mi cansada esperanza que se hundía.

V

Mi barca, ¡ay, mi barca compañera!
¡La que me acompaña siempre
se encuentra con sus velas destrozadas!
¡Y cómo no habían de estarlo,
si la tempestad fue furiosa,
para todo marchitarlo!

VI

Encalló mi barca
en las playas desconocidas de tu amor,
y mi corazón rendido
encontró en el tuyo su refugio.

VII

Un verso silencioso tengo para ti esta noche;
muy igual al que te di ayer, apenas.
Tan igual como el mismo que te di hace dos noches:
¡Muy lleno de amor como el que te daré mañana!

VIII

Eres el mismo, amado mío:
No ha perdido tu mirada, su alegría.
Tiene tu sonrisa la dulzura igual,
como en los tiempos idos.
Ven y siente cómo mi corazón
se enciende con el tuyo.

IX

Para qué quiero más luz en el camino
si me acompaña siempre la mirada dulce
de tus ojos de color azul turquesa.

X

¡Vida, vida mía!
¡Ay! ¡Tú, la de los ojos negros!
¡Quién pudiera verse reflejado en ellos!
¡Vida, vida mía!
¡Ay! ¡Tú, la de los ojos brujos!
¡Embrújame para mirarme en ellos!

XI

Noche, bella noche,
llévale a mi amor
tu más bello lucero.
Dile que sin Él me muero.

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