La madre, el ícono más importante del núcleo familiar, -sobre todo en los países de América Latina, donde los lazos son extremadamente fuertes-, es el modelo perfecto a seguir y por ello muchos la consideran como una mujer santa. La recordamos y nos la recuerdan, todo el año y en todo lugar. Aunque el respeto, es el respeto -oh madre querida, oh madre adorada vamos al cine y tu pagas la entrada-. Pero que sucede cuando los hijos están muy apegados a ella, el resultado es que tienen “mamitis”. Los casos abundan, hay tanto amor hacia la mujer que los trajo al mundo que la relación se convierte enfermiza y el cordón umbilical los une de por vida.

“Mi mamá me mima”, es la primera frase que se aprende a escribir… ¡y qué si nos mima! También se convierte en confidente y psicóloga: “¡esa mujer no te conviene!” o “¡el que quiera azul celeste, que le cueste!”. Así se van entretejiendo las telenovelas de la vida cotidiana en la relación edípica madre-hijos.

El amor por la madre llega a tal grado que a los 30 ó 40 años los hijos aún comparten el mismo techo con ella, la relación es de protección y dependencia mutua. Pero cuando los hijos se van… ahí es donde la puerca torció el rabo, ella continuará siendo la mamá gallina protectora de sus pollitos en fuga.

Los ejemplos de mamitis están por todas partes, uno de ellos es el caso de Cecilia de origen cubano y casada con un español, quien según ella padece de una fuerte mamitis que lo obliga llamar todos los días a su mamá y hacer todo por complacerla: “El está más pendiente de no disgustar a su querida madre que a mi, ya hemos tenido varias discusiones por eso”.

Uno de los mayores problemas que ha enfrentado Cecilia son las vacaciones, las cuales deben pasarlas en casa de sus suegros, estando ahí comienzan los conflictos: “Si no deseo ir a cierto lugar pero su madre ya lo ordenó y yo le hago saber que no deseo ir, entonces el me dice: “pero hay que ir tu sabes como es….” Visitarla para mi es una tortura y ella disfruta torturándome. Si estamos juntos es por la distancia que nos separa, ella vive en España y nosotros en Suiza, pero si estuviésemos en el mismo país, nuestro matrimonio hubiese durado lo que un merengue en la puerta de un colegio. A veces él se comporta como si tuviese 10 años y con miedo del castigo de su mamá”.

Por su parte, Corina, académica mexicana y casada con un estadounidense, confiesa su dependencia hacia su madre: “tengo mamitis y estoy luchando para quitármela. En mi caso, consiste en un afán desenfrenado de incluirla en todas mis actividades porque siento la responsabilidad de protegerla. Esto me ha ocasionado muchos problemas emocionales. Ahora que quiero cortar esta relación enfermiza, me siento culpable por lo que la religión dice: “honra a tu padre y a tu madre”, o por lo que la sociedad te ha enseñado, etc.; creo que ella está sufriendo por mis decisiones drásticas y que la estoy dañando”.

“Estoy en el proceso de lucha, tratando de ser asertiva para que ella entienda mi sentir. Me he dado cuenta que las mamás nos manipulan, (o al menos la mía), pues soy una mujer que se considera fuerte para enfrentar el mundo y cualquier problemática por grande que ésta sea y duré 35 años de mi vida para enfrentar a mi mamá, a quien siempre he considerado una mujer débil de carácter (tal vez la débil he sido yo). Lo único que quiero es ser una hija normal y tener una relación sana con ella. ¿Soné a familia peluche? “

Respecto a Margarita, ingeniera peruana, su experiencia con un inglés con quien estuvo casada por varios años, no esta exenta de la famosa “mamitis”. Aunque su suegra no fue propiamente la razón de su separación, sino los problemas de pareja, admite su presencia entre los dos: “La mamitis la comencé a ver cuando ya estaba casada y con una hija. Visitábamos más a la madre y salíamos todos juntos para disfrutar a la bebe. Cuando tenía alguna diferencia o discusión con mi esposo, su madre me llamaba para hablar sobre ésto, y claro siempre apoyando a su hijo y tratando de convencerme de sus ideas. Pienso que la mamitis se da más en hombres, tiene algo que ver la relación hijo-madre (sexos opuestos), o porque normalmente es la madre quien se ocupa de ellos.

Para Abraham, diseñador gráfico mexicano (…y según confesó que es mejor conocido como “Yoquiero Amimami Mucho”) la mamitis es el exagerado lazo de unión que se cree tener con la madre y obliga a comparar a otras mujeres con ella: “uno como hombre generalmente trata de medir a tu esposa con tu mami: con la comida, la casa hasta con los hijos, etc… a veces muchos ponen esa imagen como el molde donde miden a las mujeres prospectos para la boda, y pues obvio, nunca la encuentran, recuerda que… ¡madre, sólo hay una!”

Abraham considera que los hombres generalmente tienen mamitis y reconoce que su matrimonio sufrió algunas situaciones incómodas en algún momento: “pero hace varios años tomamos la decisión de ser una familia de verdad. La forma fue buscar una comunicación entre los dos y llegar a tener una opinión que nos conviniera como familia y por lo tanto, tener la independencia total de los padres”. Para concluir, Abraham hace notar su opinión respecto al confesionario al que fue sometido: “y nomás un último comentario, la verdad mi mamá me hacía mejores confesionarios ¡eh!” …mmm me quedó claro.

Como dice el dicho popular, “el casado casa quiere” y “…ya es harina de otro costal” ¿y las mamás? que no se conviertan en suegritas que todo mundo adora… pero en aceite… bueno ese será otro tema a discutir.

Por cierto… ¡mi mamá es la mejor!
Rocío Adelita de las Pistolas

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Esculturas de Sergio Bustamente,
Puerto Vallarta, México

 

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